martes, 26 de agosto de 2025

A sueldo




En ese instante tuve miedo. Justo en el momento de apretar el gatillo por primera vez. Fue como si mi antiguo yo fuera a desaparecer por completo. Eso me horrorizaba. Tras ese disparo yo sería otra persona distinta, alguien a quien no le importa la vida humana, alguien que no empatiza con el sentimiento ajeno, alguien rastrero, cruel, sería un asesino en toda regla. Mi yo anterior se despedía, me decía hasta nunca, ha sido un placer, ya no me tendrás mas, ya no me mereces. Mi nuevo yo había nacido y había venido para quedarse, alguien que no sentía, solo hacia el trabajo que le habían encomendado. No dudaba, mataba y después, no se arrepentía. Alguien que solo miraba en una dirección, solo tenía una meta, y esa era conseguir dinero, más y más dinero, y rápido.

Soy Jack y soy asesino a sueldo, he matado ya a diez personas, el número no se puede olvidar, se graba a fuego en tu memoria, persona a persona, diez momentos, diez rostros descompuestos, diez charcos de sangre.

Las circunstancias me han llevado a esto, mi hijo Peter, de 12 años, necesita un trasplante urgente. Se muere. Los médicos nos han dicho que siendo optimistas vivirá un año, que su corazón no aguantará pasado este tiempo, que se apagará sin más. Peter necesita un corazón nuevo en un año y la lista de espera del hospital es demasiado larga. El médico dijo que lo sentía pero que mi hijo seguramente moriría antes de que le llegase el turno en la lista. Que dependía de que hubieran más donantes de lo habitual pero que, en su experiencia, no veía posible conseguir un corazón para Peter antes de un año. En otras palabras nos dijo que nos resignáramos, que Peter moriría y que fuéramos despidiéndonos de él. Cuando Peter nació le juré a mi esposa que nuestra familia estaría por encima de todo y de todos y que haría lo imposible para nuestro bienestar, que cuidaría de Peter y de ella en cuerpo y alma. De eso me estoy encargando ahora, de conseguir que todo vuelva a ser normal, de tener un futuro con ellos. Por eso hago esto, por eso tengo que reunir mucho dinero, para pagar un corazón para mi hijo en el mercado negro y pagar a un doctor que lo opere a sabiendas de dónde ha salido ese corazón. Todo está apalabrado sólo que el dinero no lo tengo, tengo que conseguirlo deprisa, a contrarreloj. Es como si el corazón de Peter tuviera un cronómetro decreciente de un año, cada latido un segundo menos. Tengo que hacer que se detenga, tengo que tener esperanza. Algún día, cuando Peter sea mayor y yo un abuelo, le contaré todo lo que tuve que hacer por él, le contaré que cambié su vida por la de muchos otros, que una fuerza mayor, inconmensurable, me obligaba a ello. Espero me perdone.


Hoy he matado a mi onceava víctima. Susan, una veinteañera adinerada del barrio de Portsmouth.

Al parecer le fue infiel a su novio, mi cliente, con el mejor amigo de éste. Mi cliente salió tan afectado de aquello que ha querido verla muerta, y lo ha conseguido.


Después de una semana...


Llamada telefónica:

- Jack, soy el doctor Manfredi, de cardiología.

- Hola doctor, dígame.

- Quería decirle que por fin teníamos una donante para su hijo Peter.

  Susan Jacobs, de Portsmouth. Todo el papeleo estaba firmado.

Susan tenía una enfermedad terminal, muy grave.

Al parecer anteayer la encontraron muerta en su casa, le dispararon en la cabeza.

El corazón no nos sirve Jack. Lamento las malas noticias.


Nunca hasta ahora lo supe pero creedme, el karma existe.


No hay comentarios: