domingo, 7 de abril de 2013
En este trozo de mar
Aquí estoy ... de nuevo ... sumergido en éste trozo de mar repasando mentalmente mi vida hasta hoy . Como muy bien me dijeron, cuanto mejor me siento más me doy cuenta de que, mi vida, no tiene nada que ver con quién soy. De hecho nunca me conocí hasta ahora. Vivímos en una sociedad referencial, pensando continuamente "quiero ser como él" o "quiero tener aquello porque lo tiene aquél". Lo pensamos sí, quizás no nos demos cuenta y sea algo intrínseco en nosotros, quizás lo haga nuestro subconsciente, pero lo que está claro es que lo pensamos, y mucho. Nunca, hasta las inmersiones, me había preguntado quién soy, y eso que tengo 64 años, 4 hijos, casa con piscina, servicio doméstico y 20 sociedades en 6 países distintos.
Ya voy por la quinta inmersión, aquí, en éste lugar, con sólo arena blanca alrededor, agua y, arriba, esa claridad cegadora que es el cielo, sin descontar la bombona de oxígeno, claro está. Llego al fondo, me siento en la arena con piernas abiertas, plantas de los pies juntas, las manos en el regazo. Cierro los ojos y respiro, agudizando el oído, escucho los "glup, glup" y, poco a poco, la profundidad de mi alma. Soluciono asuntos en mi cabeza, y en mi cuerpo, desde ésta perspectiva. Sí, eso es!. Desde fuera. Porque cuando estoy aquí un rato es como si yo mismo estuviera fuera de mi cuerpo, observándolo. Quizás el alma exista, quizás los viajes astrales existan, quizás nosotros, los humanos, no lo sepamos todo de nosotros mismos. Mi mente divaga aquí abajo, se aísla, huye, buscando protección, buscando ser ella misma, sin estímulos.
Que porqué hago ésto, bien, os lo contaré. Tuve todo lo que quise tener: dinero, alguien a mi lado que me quería de verdad, hijos, lujos de todo tipo, el aprecio y la admiración de todos, salud, reconocimiento, la tranquilidad de que todo estaba en su sítio, encauzado. Sí, era aquello que otros llaman "alguien afortunado", pués bien, yo me sentía un desgraciado, con todas las letras. Sin ilusiones, sin metas, sentía que había copado, que había llegado al final, que había tocado techo, que lo tenía todo. Me encontraba ahí, en la cúspide, vencedor ... y a la vez, vacío.
El caso es que cuando el avisador que tengo en mi oreja pita indicando que se me acaba el oxígeno, luchando contra mi voluntad (porque me quedaría), salgo a la superfície con la clarividencia suficiente para entender porqué hice algunas cosas en el pasado y lo que significaron, porqué me alejaba de mí mismo conforme crecía, haciéndome más rico y más infeliz mientras pasaban los años. Me iba "robotizando", cómo un autómata hacía aquello que todos hacían y conseguía aquello que todos ansíaban, lamentablemente sólo por ése hecho. No reniego de la riqueza, ni del bienestar consecuente, solo que tánta no necesitaba!!. A día de hoy entiendo que el "poder" por llamarlo de alguna estúpida manera, es como tantas otras cosas en la vida: necesario, y perjudicial en exceso. Quizás, si hace muchos años, estando en ésa delgada línea que separa el bienestar de la decadencia, hubiera regalado cosas a los demás sólo por hacerles las cosas más fáciles, yo, ahora, sería feliz, y no el viejo cascarrabias que Márylin, mi ex-mujer, dice que soy. Quizás mis hijos me hablaran, quizás mis empleados me sonrieran en vez de erguir sus barbillas cuando me ven, quizás hoy le importara a alguien, no por mi herencia, ascensos o cobros de seguros, sinó por quién soy realmente. Ahora, a mis 64 años, tras cinco inmersiones empiezo a saberlo, empiezo a recordad a aquél niño ilusionado que fuí, que poco a poco vuelvo a ser, gracias a Dios.
A Dios y a mi mejor amigo, Michael, quién, a pesar de mis desprecios, mis delirios de grandeza o mi creencia de ser superior, siempre ha estado ahí. Y lo estuvo cuando yo, con la muñeca sangrando, cuchilla en mano, entre sollozos, lo llamé a él, y él me invitó a conocerme. Los billetes de quinientos euros de mi caja fuerte no hubieran cortado la hemorragia, Michael, con sus palabras, lo hizo recordándome quién fuí, y por éso, hoy sí me siento afortunado. Por eso intento reencontrarme. Por eso bajo a ésta paz llamada océano. Un lugar que olvidamos hace tiempo , vertiendo nuestros desechos, erradicando especies, sacándole hasta la última gota de vida, valga la redundancia. Quizás por éso aquí hay paz, porque no estamos nosotros. Quizás por eso aquí, sin ruidos, sin interrupciones de ningun tipo, puedo ir más allá en mis pensamientos y averiguar quién soy.
Continuaré con las inmersiones porque, cuando salgo de éste lugar, todo es más claro; veo cosas que antes mi mente descartaba ver, obzecada: las sonrisas, el cariño, la vida, la grandeza del sol, el amor de diversas formas ... y lo siento mio, aunque sea ajeno. Michael, mi gran amigo, me dió la oportunidad de ser álguien, de ser mejor persona, a él se lo debo ... y a éste trozito de mar.

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