Estaba animado aquel día, por eso, cuando la vió, lo primero que le dijo fué:
- Hoy me he levantado tarde pero, de momento, eres lo más bonito que he visto hoy.
Ella en un primer momento no supo cómo tomarlo, luego, en su casa, a solas, con un tazón de té en las manos, pensó más en aquella frase... y pensó en él, pero por primera vez, de otra manera. Llegó a la conclusión que, simplemente, la había hecho reír, y asimiló que llevaba mucho tiempo sin hacerlo.
Más tarde, durante muchos meses y en aquel ascensor en el que sólo se decía "hola", "buenas" o "adiós", él la hacía reir siempre, en el transcurso de cinco escasos pisos del edificio en el que ambos trabajaban. Un día él se armó de valor y la invitó a salir, ésta vez con el rostro muy serio. Ella, que llevaba mucho tiempo esperándolo, aceptó.
Luego vino el inocente café, la dulce sesion de cine, la ardiente cena, la improvisada escapada, la ansiada luna de miel, la dificil pero divertida convivencia...
Todavia él dudaba, veinte años mas tarde, y recordaba lo que había sido su día, en busca de alguien mejor. Acostados en la cama, antes de dormir, y ante su habitual pregunta, contestaba, ya certero:
- Pues sí amor, eres lo mas bonito que he visto hoy.
Nunca ella dudo de su palabra y nunca él mintió, pues aún con los años, ella lo era todo, su complemento, su yo.

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