Pero por primera vez, bailé agarrándome fuerte, sintiendo otro cuerpo, respirando otro perfume, cerrando mis ojos creyendo que todavía eras tú el que me rodeabas con tus manos. Cuanto más me deslizaba por su pecho, más creía deslizarme por el tuyo, más deseaba fundirme contigo. Cuánto más te necesitaba, más fuerte apretaba los ojos y los labios y más te sentía. Tu piel, maldito tacto oscuro, perverso, lleno de ternura delirante. Mi alma, entregada a ti, a tu voz, a tus ojos, sólo tuya… Y más necesito cerrar los ojos, más fuerte, para no descubrir la verdad, para no ver que no eres tú el que ahora me mueve, me roza, me toca y respira en mi oído. Maldito calor el tuyo, que no supiste más que prestarme por adelantado, para quitármelo pronto. Y “pronto” fue suficiente tiempo para necesitarte hasta el punto de confundirte en otro cuerpo entre la música, entre la gente, con mi agonía. Sentimientos enfermizos de necesidad, de estupor, de deseo y dulzura. Y sí, apriétame así, sólo apriétame más…No puedo distinguir si esto está ocurriendo o sólo es tu recuerdo que vuelve a mí para torturarme. Pero no importa, no dejes de acariciar mi espalda, no dejes de besar mi cuello…no me pidas perdón, sólo hazlo. Ahora sí, definitivamente eres sólo tú el que me besa así. No hables, no pares, báilame, bésame. No siento nada más, sólo nosotros girando. No puedo abrir los ojos, porque no sé si esto es realidad o sólo un sueño, no sé qué pasará si los abro: ¿despertaré de esta locura? Sí que es real, no es real, sí eres tú, no eres tú… Dios! sólo quiero no volver a separarme de ti. Que aquel momento hubiera detenido el tiempo. Que esa canción ya no resonara en mi cabeza, que fueran mil nuevas las que bailásemos juntos. Seguir susurrándote “…to say, I love you”. Creo que ya ni siquiera hay música, sólo nos abrazamos y bailamos. Sentir tu corazón tan acelerado latiendo contra mi pecho, tus brazos apretándome tanto que me haces daño y no quiero que pares. Me cuesta respirar, y aún así no quiero despertar de esto. Aquí ya no hay casi nadie, más que tu y yo y una pista iluminada por los primeros rayos de sol. Y tú y yo, y nuestros cuerpos fundidos en uno. Y aprieto más y más los ojos para evadirme y seguir contigo. Sólo deseo que esto no acabe nunca y no sé qué pasará si los abro.
Un estruendo fuerte y despierto. Ya no eres tú, no es nuestra pista, ni la canción, ni el sol, ni tus ojos. ¿Dónde estás? ¿Qué fue de ti? ¿Por qué no sigues abrazándome? Le suelto. Salgo de allí y corro. Tropiezo. Necesito salir de aquí, necesito respirar y…, y gritar y maldecir y arrancar a llorar, romper mi ropa y desear mi propia muerte y correr y buscarte… en ningún sitio. Pero ya no estás. No estás y eso duele tanto como si te punzaran en el estomago y te arrancaran el alma. Me desoriento, me mareo y caigo. Sólo quedamos el cielo negro sobre mí y yo. Ahora entiendo todo eso que la gente describe cuando sufren la horrible necesidad de alguien que ya no está. Por primera vez sé que quiero en mi vida, y no puede ser y el sentimiento de impotencia y el dolor es insoportable, porque…oírte respirar toda la noche a mi lado es lo mejor que me ha pasado, porque charlar contigo es lo que más me gusta, porque compartir mis sueños contigo es lo que quiero, porque lo único que quiero… eres tú!

No hay comentarios:
Publicar un comentario