Tomo conciencia. Mis oídos vuelven a funcionar. Huele raro. Abro los ojos. Dios mio!. Donde estoy?. La oscuridad absoluta en la que me encuentro agrava la soledad que siento. Estoy sólo, eso seguro. Se oye el viento que mueve las ramas, el suelo lleno de hojas que gritan al romperse con mis pies. Parece que me encuentro en el bosque, pero esta calor extrema no puede darse en el bosque. De repente tropiezo con algo duro y caigo al suelo. Se me ocurre encender la pantalla de mi teléfono móvil, desde el suelo, y entonces veo un tiesto enorme de plástico delante de mí. Debe ser con lo que tropecé, me digo. Al instante enfoco mi móvil arriba y entonces la veo, las veo, su olor se intensifica. Estoy rodeado de plantas, plantas de marihuana!. De repente unos focos se encienden y observo la inmensidad del lugar. Es un invernadero, sí, eso es. Debe de haber decenas de ellas, quizás centenares de ellas, todas más altas que cualquier ser humano. Intento recordar dónde estuve cuando debí caer en la inconsciencia del sueño, sin éxito. Comienzo a sentir miedo, quiero salir de aquí. Automáticamente busco una salida, alguna puerta. Miro alrededor y sólo veo matices verdes. Miro al horizonte. Mis pies se ponen en marcha hacia la pared del fondo. Busco una puerta, no la encuentro. Me pongo nervioso, muy nervioso. Bordeo el perímetro de aquel lugar sin parar de correr. Estoy salvado, veo una puerta. Empujo el tirador de ésta pero no cede. Está cerrada con llave, la puerta bloqueada. Me desespero. Comienza a llover, pero que digo, no puede ser lluvia. Levanto la mirada y veo los aspersores trabajar incansablemente, con fuerza, en el alto techo. Al poco quedo empapado, siento frío, busco refugio.
Las horas pasan y no encuentro una salida, menos mal que el riego cesó. Tengo hambre y frío, mucho frío. La oscuridad se cierne de nuevo, los focos se apagan lentamente. Decido gritar. Grito con todas mis fuerzas. Grito hasta que el llanto y las lágrimas aparecen, la ansiedad me domina. Me quedaré aquí para siempre. Pienso en Sophie, la dulce Sophie. Ojalá estuviera aquí. Ese pensamiento egoísta me da esperanza y me devuelve la cordura. De repente las luces se encienden, escucho ladridos y pasos cada vez más cercanos. - Dónde estais? - grito. Están muy cerca. Detrás de unas plantas aparece un tipo con gabardina negra y gafas de sol, el perro a sus pies. - No deberias estar aquí - me dice. Va a sacar algo de la gabardina. Dios mio! si es una pistola. Él levanta el arma, apunta sobre mí, se oye un estallido.
Dolor...
Oscuridad...
Frío...
Silencio...
Calma.

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